Actualmente la alimentación occidental muestra un desequilibrio entre las grasas necesarias para el organismo afectando directamente al cerebro que es constituido en un 60% de estos compuestos energéticos.
• Las grasas procesadas industrialmente y demás grasas hidrogenadas son muy oxidantes y favorecen los radicales libres (RL) en exceso. Sin que haya suficientes antioxidantes para equilibrar este aumento de RL, habrá una reacción de combate contra estos radicales, que entretanto desencadena una inflamación exacerbada y en consecuencia, daño a membranas de protección celular, debilidad celular (células que antes funcionaban bien) y finalmente pueden atacar el núcleo de algunas de ellas (ADN muy vulnerable), modificando sus funciones y posiblemente desencadenando trastornos de salud. Para el cerebro, eso significa la reducción de factores de crecimiento de neuronas y de la producción de dopamina, serotonina y noradrenalina, relacionados a la longevidad, inteligencia y felicidad.
• La alimentación moderna contiene cada vez menos grasa omega 3 (ω3) ya que el consumo de carnes y alimentos pre-cocinados elaborados industrialmente es todavía alto, basta que miremos los carritos del supermercado mientras esperamos en cola para pagar. El consumo de pescado azul, el que contiene más grasas (unos 10%, entre las cuales el ω3), es mucho menor en nuestra sociedad de lo que demanda el cerebro – que trabaja día y noche, con notable consumo energético. Es raro que en países con acceso al mar, como es España de norte a sur, la gente aún esté consumiendo carnes de pollo, cerdo, bistec y embutidos, en mayor cantidad que el pescado local o de importación.
• Otro punto es saber equilibrar la dieta y elegir productos de calidad. De que vale comprar pollos ecológicos y comer pescado menos de 2 veces por semana? (es aquí que se nota muchísimo la falta de un nutricionista en tu vida, y si eres vegerariano no te preocupes, pues sí es posible regular la dieta para que tengas un adecuado aporte de ω3). O comprar sardinas enlatadas en aceites vegetales de baja calidad para todo un mes, si el poco ω3 que podría haber en una sardina enlatada se vuelve insignificante por la abundancia de ω6 y otras grasas no interesantes en mayores cantidades.... una contradicción.
• Por otro lado, los pescados bajos en grasa también son importantes pues aunque tengan menos ω3, son mucho más sanos que kilos de carnes rojas y embutidos. En periodos que no se encuentra pescados azules a buen precio, se puede aumentar también las fuentes de ω3 al cocinar la piel de los demás pescados y añadiendo algas y nueces en platos como cereales o ensaladas. Ejemplos de pescados ricos en omega 3: caballa, arenque, sardina, salmón, atún, anchoas, trucha, congrio, cazón… preferiblemente de pesca extractiva regularizada.
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